DESARROLLA TU FE Y TUS MOTIVACIONES A PESAR DE LA ADVERSIDAD

Empezamos ahora el estudio de una de las más emocionantes biografías de la Biblia, la de José y sus hermanos. La historia entera ilustra la soberanía de Dios y su cuidado providencial sobre los suyos. Aun cuando José tuvo sus faltas, aún se yergue como un gigante espiritual en su familiaCapitulo 1

I. José el hijo favorito (37):

a. El amor de Jacob (vv. 1–4).

Puesto que Raquel era la esposa favorita de Jacob y José su primogénito (30.22–24), es fácil ver por qué Jacob le favoreció en su ancianidad. Esta clase de parcialidad en un hogar está destinada a causar problemas. José tenía diecisiete años cuando ayudaba con las ovejas, pero pronto Jacob le quitó ese deber y le hizo «supervisor» al darle «una túnica multicolor». ¡Jacob quería hacer a José jefe antes de que hubiera realmente aprendido a ser siervo! El resultado: los hermanos de José le aborrecían (v. 4) y le envidiaban (v. 11).

b. Los sueños de José (vv. 5–11).

No hay duda que estos sueños vinieron de Dios; y es cierto que la seguridad de que un día regiría ayudó a José a mantenerse fiel durante esos muchos años de prueba en Egipto. Nótese que el primer sueño tiene un escenario terrenal, mientras que el segundo se desarrolla en el cielo. Esto sugiere los hijos terrenales de Abraham (los judíos) y su descendencia celestial (la Iglesia). Llegó el día en que los hermanos de José se inclinaron ante él. Véanse también 42.6; 43.26; y 44.14.

c. El ardid de Judá (vv. 12–28).

No se nos dice cuál de los hermanos fue el primero en sugerir que se deshicieran de José. Quizás fue Simeón, quien estaba resentido por la intrusión de José en los derechos del primogénito (los cuales al final se le quitarían a Rubén, 49.3–4). Sabemos por el capítulo 34 que Simeón era astuto y cruel, y en 42.24 José fue más bien riguroso con Simeón. En cualquier caso, los hermanos estaban de nuevo en la región de Siquem (donde antes se metieron en problemas, (cap. 34) y tramaron matar a José. Es un mérito para Rubén que trató de librar la vida de José, aun cuando usó el método errado para lograr una obra noble. Dios anuló el odio de los hombres y José fue vendido como esclavo en vez de ser asesinado a sangre fría.

d. La aflicción de Jacob (vv. 29–36).

Años antes Jacob había matado un cabrito para engañar a su padre (27.9ss) y ahora sus hijos lo engañan de la misma manera. Cosechamos lo que sembramos. Jacob pasó los siguientes veinte años en tristeza, creyendo que José estaba muerto. Pensó que todo estaba en su contra (Gn 42.36), cuando en realidad todo obraba para su bien (Ro 8.28). Dios envió a José de antemano para preparar el camino para la preservación de Israel como nación.

II. José el mayordomo fiel (38–39)

El capítulo 38 presenta un cuadro sórdido, mostrando a Judá sucumbiendo a los deseos de la carne. Es un contraste completo con la pureza de José (39.7–13). Judá estaba dispuesto a vender a su hermano como esclavo y, sin embargo, él mismo era un «esclavo del pecado» (Jn 8.34). Incluso allí, «cuando el pecado abunda, la gracia sobreabunda» (Ro 5.20), porque vemos que Tamar se incluye en el linaje humano de Cristo (Mt 1.3). Nótese que Judá fue más riguroso con los demás que consigo mismo (v. 24). Como David, ¡quería juzgar al «pecador» hasta que descubrió que él era el pecador!

Jacob trató de escudar a José de las responsabilidades del trabajo, pero Dios sabía que José nunca podría ser un gobernante si antes no era un siervo (Mt 25.21). Dios usó tres disciplinas en la vida de José para prepararlo para ser el segundo al mando en Egipto:

a. La disciplina del servicio (39.1–6).

José cambió su «túnica multicolor» por el delantal del criado, y Dios le obligó a aprender a trabajar. De esta manera, aprendió la humildad (1 P 5.5–6) y la importancia de obedecer órdenes.

Debido a que José fue fiel en lo poco, Dios le promovió a cosas mayores. Véanse Proverbios 22.29 y 12.24.

b. La disciplina del dominio propio (39.7–18).

La madre de José era una mujer hermosa y sin duda el hijo heredó sus rasgos (29.17). Las mujeres egipcias eran conocidas por su infidelidad, pero José no cedió. Dios estaba probándolo, porque si José no podía auto controlarse como siervo, nunca podría controlar a otros como gobernante. Pudiera haber aducido: «¡Nadie lo va a saber!» o «¡Todo el mundo lo hace!» Pero, en lugar de eso, vivía para agradar a Dios y se cuidó de no proveer para la carne (Ro 13.14). «¡Huye de las pasiones juveniles!», amonestó Pablo (2 Ti 2.22), y esto fue exactamente lo que José hizo. Como dijera el predicador puritano: José perdió su túnica pero conservó su carácter. Demasiadas personas han fallado en esta disciplina y Dios ha tenido que echarlas a un lado (1 Co 9.24–27; Pr 16.32; 25.28).

c. La disciplina del sufrimiento (39.19–23).

No sólo José controló sus apetitos, sino también logró controlar su lengua; porque no discutió con los oficiales ni expuso la mentira que la esposa de Potifar esparcía acerca de él. El control de la lengua es una señal de madurez espiritual (Stg 3). Es probable que Potifar era el capitán de la guardia a cargo de los prisioneros; incluso tal vez era el principal verdugo. En cualquier caso, cuidó que a José lo pusieran en la prisión del rey (v. 20), y la fidelidad y devoción de José le ganó el favor de los oficiales. La clave de su éxito fue que «Jehová estaba con José» (39.2, 5, 21). Al menos dos años tuvo que sufrir José como prisionero o quizás más tiempo. El Salmo 105.17–20 explica que este sufrimiento puso «hierro» en su alma. Contribuyó a hacerle hombre. La gente que evade el sufrimiento tiene dificultades para desarrollar el carácter. Sin duda José aprendió la paciencia de sus sufrimientos (Stg 1.1–5) tanto como una fe más profunda en la Palabra de Dios (Heb 6.12). Este sufrimiento no era nada agradable, pero necesario y un día se convirtió en gloria.

III. José el siervo olvidado (40)

José era ahora un criado en la prisión real (41.12), fielmente cumpliendo con su trabajo y esperando el día cuando sus sueños proféticos se hicieran realidad. Un día se añadieron dos nuevos presos: el copero de Faraón y el jefe de sus panaderos. No se indica cuáles fueron sus crímenes; a lo mejor fue alguna minucia que enfadó a Faraón. Por amor a José, sin embargo, sabemos que Dios arregló dicho arresto. José fue tratado injustamente, pero sabía que un día Dios cumpliría su Palabra.

Nótese la humildad de José al interpretar los dos sueños (v. 8). Le dio toda la gloria al Señor. «Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él os exalte cuando fuere tiempo» (1 P 5.6).

Los dos presos estaban encadenados debido a algo que hicieron, en tanto que José era inocente. Su interpretación de los sueños se hizo realidad: el copero fue restaurado y el panadero ahorcado. ¡Y José seguía en la prisión! Nos preguntamos por qué otros experimentan las bendiciones que nosotros necesitamos con desesperación; y sin embargo Dios tiene su plan y su tiempo.

Hay un indicio de desilusión e incredulidad en la petición de José en el versículo 14. ¿Estaba José apoyándose en el brazo de la carne? Si es así, el brazo de la carne le falló, porque el copero de olvidó por completo de José por los dos años siguientes. Esta fue una buena lección para José de manera que nunca confiara en los hombres. Dios al final iba a usar la mala memoria del mayordomo para librar a José, pero el tiempo oportuno aún no había llegado. El copero se olvidó de José, ¡pero Dios no se olvidó de él!

José tenía diecisiete años cuando llegó a Egipto y treinta cuando salió de la prisión (41.46). Esto quiere decir que pasó trece años como criado y prisionero, años de disciplina y preparación para su ministerio de toda una vida como el segundo al mando en Egipto. Dios nos prepara para lo que Él prepara para nosotros, si tan solo nos rendimos a Él.

De muchas maneras José es un cuadro de nuestro Señor Jesucristo, incluso cuando en ninguna parte del NT se le llama de manera específica un tipo de Cristo. José era un hijo amado que fue odiado y rechazado por sus hermanos. Le vendieron como esclavo y entonces un día lo encontraron como rey sobre ellos. José tuvo que sufrir antes de entrar en su gloria. Venció la tentación y sin embargo lo arrestaron y trataron injustamente. José fue un siervo fiel que ministró a otros. Con el tiempo fue exaltado al trono y responsable de salvar a las naciones. Sus hermanos no lo reconocieron la primera vez, pero él se les reveló la segunda vez que vinieron a Egipto. Así será con Israel: no conocieron a Cristo cuando vino la primera vez, pero le verán cuando venga otra vez y se postrarán ante Él.

Capitulo 2

Esta sección muestra cómo José de prisionero pasa al puesto de segundo al mando en la tierra. Se le dio un nuevo nombre: «El revelador de secretos» (41.45).

Nótese los tres secretos que José reveló.

I. El secreto de los sueños de Faraón (41)

José esperaba que el copero se acordara de él e intercediera por él (40.13–15), pero el hombre no se acordó de José sino el día cuando Faraón quedó perturbado porque no podía hallar el significado a sus extraños sueños. Los caminos de Dios son incomprensibles, pero el tiempo de Dios para actuar nunca es demasiado temprano ni demasiado tarde. Nótese la humildad de José al estar ante el monarca más poderoso de la tierra: «Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón» (v. 16). Explicó el sueño: habría siete años de abundancia seguidos de siete años de hambruna. Luego dio un consejo sabio: nombrar un hombre sabio para administrar la provisión de alimentos. Dios dirigió a Faraón para que nombrara a José, ¡y así ahora fue exaltado al trono! Véase también 1 Pedro 5.6.

El matrimonio de José con una esposa gentil es un tipo del matrimonio de Cristo a la Iglesia durante esta edad cuando sus hermanos según la carne le han rechazado. «Manasés» significa «olvidar» y sugiere que la nueva posición de José en la voluntad de Dios había hecho que olvidara las pruebas del pasado; y «Efraín» significa «doblemente fructífero», sugiriendo que todas sus pruebas habían, al final, conducido al fruto y a la bendición. Como el grano de trigo, José «murió» para no quedar solo (Jn 12.23–26). Dios cumplió su Palabra a José y las predicciones de José fueron realidad. La Palabra del Señor permanece cuando la sabiduría del hombre falla (41.8).

Sin embargo, todo esto no era sino parte de un plan mayor, un plan para preservar a Israel y preparar el camino para el nacimiento de Cristo.



II. El secreto de los corazones de sus hermanos (42–44)

El plan ahora estaba en marcha, porque Jacob oyó que había grano en Egipto y envió a sus hijos a conseguir alimento. Considérense sus dos visitas a Egipto.

a. La primera visita (v. 42).

Diez de los hijos fueron a Egipto y José los reconoció a pesar de que ellos no lo notaron. Sin duda su apariencia había cambiado en veinte años y su idioma y vestido egipcio los habría llevado a pensar que era nativo. Nótese que los diez hombres se postraron (42.6), pero que los sueños de José predijeron que once se inclinarían (37.9–10). Esto explica cómo José sabía que los hombres regresarían con su hermano, Benjamín.

¿Por qué José fue tan riguroso con sus hermanos? ¿Y por qué esperó tanto para darse a conocer? Debido a que quería asegurarse de que se habían arrepentido de sus pecados. Excusar a quienes no están sinceramente arrepentidos es hacerles más pecadores (véase Lc 17.3–4). ¿Cómo trató José a sus hermanos? Les habló con dureza y les acusó de espías (vv. 7–14); los encerró durante tres días (v. 17); y luego retuvo a Simeón como rehén y le encadenó ante sus ojos (vv. 18–24). Para coronarlo todo les devolvió su dinero (vv. 25–28). Este riguroso tratamiento tuvo el resultado esperado, porque los hombres confesaron: «¡Somos culpables!» Véanse los versículos 21–23. Esta declaración le indicó a José que sus corazones se estaban ablandando. Su informe a Jacob de regreso a casa y el descubrimiento del dinero en sus sacos sólo complicó su problema. ¿Qué hacer? Si se quedaban en casa, serían ladrones, pero si regresaban a Egipto tenían que correr el riesgo de llevar con ellos a Benjamín. Nos preguntamos si el versículo 36 indica que Jacob sabía lo que le habían hecho a José años antes.

b. La segunda visita (caps. 43–44).

Dios hizo que la familia de Jacob sintiera de nuevo el hambre y, como el hijo pródigo de Lucas 15, estos hombres tenían que regresar o morirse de hambre. Vemos aquí otras indicaciones de su cambio de corazón: La disposición de Judá de ser el garante, de cargar con la culpa del joven Benjamín; su disposición de devolver el dinero; y su confesión de la verdad al mayordomo de José (43.19–22). Sin embargo, cometieron algunos errores también: llevar un regalo para José y confesar sus pecados al sirviente en lugar de a José directamente. No podemos dejar de ver en todo este episodio la manera en que Dios trata con el pecador perdido. Dios controla las circunstancias para volver en sí al pecador y al final de sí mismo. Pero, triste como suena, demasiados pecadores convictos tratan de ganarse la salvación ofreciendo un presente, o confesando a un siervo humano, o haciendo algún gran sacrificio (como Judá lo hizo cuando ofreció su vida en garantía por Benjamín). La única manera en que José podía excusar sus pecados era recibiendo una sincera confesión y arrepentimiento.

José usó dos estratagemas para llevarlos al lugar de la confesión: la fiesta de alegría (43.26–34; nótese en los versículos 26 y 28 que los once hombres se inclinaron ante él) y el descubrimiento de la copa en el saco de Benjamín. De nuevo en 44.14 los once hombres se postraron ante José en verdadera contrición. «Dios ha hallado la maldad de tus siervos», confesaron (44.16). No podemos sino admirar el discurso de Judá en 44.18–34, no sólo por su humildad y confesión, sino también por el amor que muestra hacia su padre y su hermano menor. Estaba listo para ser el garante, para cargar con la culpa, incluso si le costaba la vida.

Qué hermosa lección espiritual tenemos aquí. Judá pensó que José en realidad estaba muerto (44.20) y, por consiguiente, que él mismo era culpable de homicidio. ¡Lo que no se percataba era que José estaba vivo y era su salvador! El pecador perdido está ante el tribunal de Dios y confiesa su culpa, pensando que su confesión es ira segura. Pero Jesucristo vive y por eso puede salvar al máximo. Cristo no espera que seamos garantes por nuestros pecados, ni por los pecados de otro, porque Él mismo es nuestro fiador ante Dios (Heb 7.22). Mientras Cristo viva, Dios jamás nos condenará. ¡Y Cristo vivirá para siempre!

No fue su confesión de culpa, sus sacrificios y sus regalos lo que les dio salvación a los hermanos. Fue el perdón de gracia de José, perdón comprado por sus sufrimientos por amor a ellos. ¡Qué cuadro de Jesucristo!

III. El secreto del propósito de Dios (45)

Ahora era tiempo para que José se diera a conocer y revelara el propósito para el cual Dios lo envió. Hechos 7.13 aclara que fue «la segunda vez» que se dio a conocer, así como fue la segunda vez que Israel recibió a Moisés después de rechazar su liderazgo cuarenta años antes (Hch 7.35). Este es el tema del discurso de Esteban que aparece en Hechos 7: el pueblo escogido, Israel, siempre había rechazado a sus salvadores la primera vez y recibido la segunda; harán lo mismo con Jesucristo.

Cuando José se dio a conocer sus hermanos se llenaron de terror, porque esperaron juicio completo de sus pecados pasados. Pero él vio su arrepentimiento; se postraron ante él y sabía que podía perdonarlos. Explicó que habrían todavía cinco años más de hambruna, pero que él había preparado un lugar de refugio en Egipto para ellos y sus familias. Dios le había enviado antes para salvarles la vida.

José prometió sustentarlos (v. 11) y protegerlos. Lloró con ellos y les besó, y envió regalos a su padre para asegurarles de las riquezas que había en Egipto. «Venid a mí», fue su invitación (45.18). Entonces, qué cambio ocurrió en Jacob cuando descubrió que José vivía: un cambio no muy diferente al de los discípulos cuando descubrieron que había dicho: «Contra mí son todas estas cosas» (42.36), pero ahora podía decir: «Todas las cosas ayudan a bien».

Conclusión

Si he visto algo en la Vida del ser Humano, lo mas común son las traiciones que a veces llegan de las personas que menos te imaginas, cuando Dios especialmente esta tratando con la vida de alguien.

Yo creo firmemente que Dios exalta a quien el quiere ya que su nombre será exaltado, cuando aquel que ha sido llamado sabe que toda la gloria le pertenece a Dios.

¡Así que¡ ¿De que valen las Cisternas? ¿Qué Importa que te vendan?

Aunque la adversidad este frente a ti, si estas en el plan de Dios igual El te va a Bendecir, así que activa tus motivaciones en medio de la adversidad, por que desierto te digo: “El Justo por la Fe Vivirá”